Artes Visuales en CCEJS

“Puentes”

¿No será toda exposición colectiva en sí misma también una suerte de viaje, un espacio de confluencia para las imágenes dispares que salpican el mundo y que el visitante termina por unificar con su propio deambular, con su ponerse allí, delante de ellas; o, ya más tarde, tras haber abandonado la sala, en su memoria?

La forzada continuidad de lo disperso y el esfuerzo por reducir las sinapsis de los momentos vividos sucesivamente son claves fundamentales de toda experiencia viajera auténtica; pero también, y cada vez más desde hace un siglo largo, de la experiencia estética. Y es que la concepción del mostrar/-se en los tiempos modernos, como bien observaron en su día Baudelaire o Benjamín frente a la vida metropolitana y sus nuevos tipos y formas de organización (el flaneur, los pasajes o la Exposición Universal, por ejemplo), empezó a forzar hasta el extremo actual, tan inaudito, el carácter fluyente de las discontinuidades de todo tipo a las que debe enfrentarse la sensibilidad del sujeto contemporáneo.

Bajo tal perspectiva, una colectiva como la que justifican estas líneas no sería sino otra forma epigonal de aquellas, tan variadas, que la modernidad nos proporcionó para experimentar lo diverso, lo disperso y lo fragmentario como un  paradójico continuum que, sin embargo, nuestros sentidos deben hilvanar nerviosa, continua e incesantemente.

Así, lo mismo que ante la inminencia de un viaje, la visita a cualquier exposición colectiva en cierto modo nos prepara para asumir por unos instantes perspectivas sobre lo real y lo imaginario muy distintas, no pocas veces contradictorias entre sí, e incluso violentas para nuestros criterios y convenciones éticas o estéticas. Pero también, claro, para el disfrute de semejante encuentro -o choque-. Ante cada viaje surge pues una predisposición a relativizar nuestras creencias, certezas, usos y costumbres, y desde luego la forma en que las asumimos y practicamos. Como es obvio, la estética, con su característico predominio de la subjetividad y de la convivencia simultanea de valores antagónicos, parece a priori el campo privilegiado para el análisis de este tipo de fenómenos, aunque sólo fuera por aquel otro tópico que nos dice que frente al sentido siempre inmarcesible de la imagen, el texto –la ciencia, la Historia, la filosofía, las religiones del Libro- cierra las interpretaciones, reduciéndolas a una palabra fijada que dice la verdad frente a las versiones falsas.

La experiencia del tiempo y del espacio –desde Kant consideradas ambas las condiciones apriorísticas de nuestra sensibilidad y, por lo tanto, de lo estético, se transforma radicalmente justo allí donde imágenes variopintas de lo lejanoconviven en un mismo plano, siendo la psicología la encargada de trazar los sutiles y vertiginosos puentes que, zigzagueando entre ellas, hilvanan el sentido de su recorrido o reunificación. Todo en una suerte de pachtwork donde los fragmentos arrastran consigo pequeñas porciones de una totalidad irrecuperable en cuanto a experiencia, pero quizá todavía susceptible de verse ordenados, congregados por otras potencias del alma humana de nuevo íntimamente ligadas a lo artístico, como son la imaginación, la fantasía, la memoria...

En un tiempo y espacio desligados de su “uso” cotidiano, desde ellas volamos lejos a velocidades impensables, y los puntos del universo se tocan y amalgaman de manera instantánea (¿se componen?, palabra también muy del arte), ofreciéndonos este tipo de viaje mental una nueva metáfora para el arte que se reúne colectivamente y que aglutina la colectividad.

“Viajero inmóvil” también aquél que hojea las páginas de un libro, de algún álbum de viajes o de su colección privada de postales desde las confortables condiciones que le ofrece el espacio doméstico: tras el cristal de la ventana es el mundo lo que se mueve y transforma, a pesar de que esta misma mañana ese mismo parque que ahora contemplamos desde el salón de nuestro hogar pareciera, precisamente, el centro estático de otro mundo que, fuera de sus límites, giraba a toda velocidad sobre el vórtice quieto y silencioso de nuestra existencia, como el ojo de un huracán donde, dicen, no se mueve siquiera mínimamente el aire. Pero el afuera es siempre una cuestión de perspectiva.

Sujetos a las más lejanas inquietudes y latitudes, los siete artistas aquí reunidos, junto a los otro ocho que se sumarán durante la itinerancia de esta muestra por distintos Institutos Españoles latinoamericanos, aparecen reunidos bajo el concepto de puente. Una idea de puente que abraza no sólo las respectivas poéticas de cada uno de ellos, como acabo de señalar, sino también, y quizá sobre todo, esas dos orillas continentales desde las que se miran en la distancia, dando continuidad a un diálogo histórico, concurridísimo, y también conflictivo, pero sin duda fértil y cargado de futuro, cuyos últimos párrafos encontramos hoy todavía estimulantemente por redefinir, tal y como aparecen, plagados de voces heterogéneas y sutiles matices entre España y la América Latina.


Óscar Alonso Molina

Curadores: Rafael Liaño y Ciuco Gutiérrez
Artistas: Miguel Villarino, Dis Berlín, Ciuco Gutiérrez, Ángel Marcos, Rafael Liaño, Alicia Martín, Cristina Lucas y Fabiola Adams.

Más detalles

Lugar: CCEJS
Ubicación: [S]
Fecha: 20 de Enero de 2012 a 11 de Febrero de 2012
Categoria: Artes Visuales
Hora: 19:00